Saturday, April 25, 2015

Preparación artillera

Inminente aparición de LOS MITOS DEL FRANQUISMO


Julián Marías. "¿Por qué mienten?"

(publicado en La Gaceta, ayer)  
  
En 1997, con gobierno del PP y bastante antes de la infame ley de memoria histórica, escribía Julián Marías el artículo "¿Por qué mienten?": En personas y grupos ha adquirido la mentira un carácter que se podría llamar “profesional”. La historia es objeto preferente de esa operación, lo que (...) encierra quizá los paligros más graves que nos amenazan. Todo lo que se haga para establecer –o restablecer—la verdad histórica me parece tan precioso como necesario. Pero, aunque existen, se cuentan con los dedos los que se entragan a fondo a esa urgente tarea
  
    La profesionalización de la mentira databa de bastante tiempo atrás, y Marías recuerda que veinte años antes, en 1977, ya había denunciado la falsificación del pasado en torno  al llamado “páramo cultural”  achacado a la época franquista. Lo había hecho con un artículo centrado en los años 40 y mitad de los 50, sin rebuscas ni propósito  exhaustivo,  sobre lo que se había hecho en esos quince años. Resultaba una  larguísima lista, impresionante, de “libros libres", fruto de vocaciones admirables; se veía la continuidad, no interrumpida, de los autores existentes antes del feroz corte de la guerra, y la aparición de promociones nuevas, de sorprendente fecundidad.  
  
   En Los mitos del franquismo he expuesto la idea de que probablemente aquellos años fueron más fecundos intelectual y artísticamente que los que vinieron después, y desde luego que los posteriores a la transición hasta hoy, cuando la destrozada cultura española va convirtiéndose en una caricatura de la anglosajona.  Insistía Marías en que por entonces   ni siquiera se discute, se hace caso omiso de los hechos.  
  
   Y se planteaba de dónde venía aquel empeño en el embuste: los jóvenes (menores de 50 años entonces) mentían  por pura ignorancia, aceptando pasivamente lo que decían otros y repitiéndolo como cosa propia. Otro grupo, la generación del 56, ya había empezado con la decidida voluntad de negar  valor a todo lo que se había hecho antes   para dar la impresión de que con ellos, y solo con ellos, se iniciaba una resistencia a las presiones oficiales y un intento de independencia. Y un tercer grupo, los que habían viviso y escrito en los años 40-55, se plegaban a la falsedad  por temor   a ser acusados de complacencia con el franquismo. Así, esta mezcla de ignorancia, desvergüenza y cierto matonismo intelectual que atemorizaba a muchos, sería la causa del éxito de la mentira profesionalizada.  
  
    Hay, sin embargo, un dato equívoco en el análisis de Marías. Si tantos autores pudieron “resistir” a las presiones del régimen solo puede deberse a que esas presiones fueron pequeñas y tuvieron muy poco que ver con las habituales en otros regímenes (marxistas) a los que gran parte de la generación del 56 ha respetado tanto, cuando no se ha identificado con ellos. En Los mitos del franquismo señalo este pequeño detalle: la política cultural e intelectual del franquismo fue notablemente liberal, y ello explica, por poner un ejemplo nada aislado, que Buero Vallejo, comunista condenado a muerte  en 1939 y conmutado a cadena perpetua (que le duraría 6 años), obtuviera poco después importantes premios literarios y fuera representado con gran éxito. Ha sido en el posfranquismo cuando el imperio de la mentira se ha impuesto  de manera tan intimidatoria como señala el filósofo en su artículo. 
  

   Marías se centra en el terreno cultural, pero lo mismo ocurre  en el económico y en gran parte en el político. Se suele presentar al franquismo como un régimen totalitario de partido único, pero nunca lo fue, como explico en el libro. Por totalitarismo entendemos un régimen donde un partido ocupa el estado y el estado ocupa, al menos en gran parte, la sociedad. Estas cosas jamás se dieron en el franquismo. Los vencedores de la guerra civil no pertenedían a una sola corriente política sino, al menos, a cuatro “familias”: carlistas, falangistas, monárquicos y católicos políticos.  Cada una tenía sus propios órganos de expresión y organizaciones particulares, de hecho funcionaban  como partidos encubiertos, rivalizaban entre sí  y en todos ellos había sectores decididamente contrarios a Franco. El Movimiento los unía teóricamente, pero en la práctica se trataba de una organización falangista, que funcionaba con un presupuesto reducido y que nunca condicionó la política del gobierno. Lo único que los unía a todos era su carácter católico,  y por ello el régimen prefirió definirse como tal, lo que le llevaría con el tiempo a quedar vaciado ideológica e intelectualmente. 
  
   En “Cita con la historia” del próximo domingo (ya grabado el programa) nos planteamos la misma cuestión: ¿por qué mienten?, y confieso que la explicación dada no acaba de satisfacerme. Creo que no se entiende el problema si no se recuerda el dato señalado: la inclinación de una generación cultural hacia el marxismo, con el que simpatizaron, al que respetaron o al que se adhirieron tantos intelectuales de la época. Para aquellos totalitarios o afines, el franquismo, vencedor en la guerra contra la revolución,  era un sistema absolutamente rechazable, al que había que negarle todo: el marxismo no solo ha generado los totalitarismos más completos y brutales del siglo XX, sino también aquel “Himalaya de falsedades” denunciado por Besteiro.  
  
   Quedémonos con la advertencia de Marías: No se abrirá de verdad el horizonte de España mientras no hay una decisión de establecer el imperio de la veracidad.(...) Creo que mentir descalifica al que lo hace, y debe tener la consecuencia inmediata de su desprestigio. Casi veinte años después de escritas estas palabras, el imperio de la veracidad está muy lejos de haberse alcanzado, y quienes sufrimos campañas de desprestigio a manos de los profesionales de la mentira  somos los pocos (siguen pudiendo contarse con los dedos) que pugnamos por “abrir el horizonte de España”. Por ello el  libro Los mitos del franquismo va dedicado a "cuantos respeten la verdad y sientan la necesidad de defenderla". 
(Pío Moa) 
  
   

Thursday, April 23, 2015

Monday, April 20, 2015

Tuesday, April 14, 2015

Una buena vecindad

ABC de Sevilla. martes 14 de abril de 2015

Wednesday, April 08, 2015

Una visita ilustrada

ABC de Sevilla, martes 7 de abril de 2015

Tuesday, April 07, 2015

Noblesse oblige

Antonio Burgos

Día 06/04/2015 -  04.16h
Muchas cofradías andaluzas con siglos de historia celebran ahora los 75 años de la bendición de su Cristo o de su Virgen. ¿Cómo hermandades tricentenarias dan culto a imágenes tan recientes? Muy sencillo: porque sufrieron en 1936 las llamas iconoclastas. No a manos de las milicias improvisadas para plantar cara valientemente a los militares alzados en armas contra el Gobierno, sino de las hordas que creían que quemando iglesias y asesinando curas y votantes de la CEDA defendían mejor al Frente Popular. Esto fue así, aunque haya tanta cobardía para recordarlo, como hago ahora contra la Dictadura de la Memoria Histórica. En España puedes decir que a Lorca y a Blas Infante los fusilaron los fascistas en 1936, pero no que al San Juanito de Miguel Ángel lo machacaron los rojos en Úbeda, como quemaron San Román o San Marcos en Sevilla. En muchos programas cofradieros estoy harto de leer que tal Cristo o Virgen, sustituidos luego por réplicas de Illanes o Castillo Lastrucci, «se perdieron en los sucesos de 1936». Vamos, que hablan de una Virgen «perdida en 1936» como el que se deja olvidado el paraguas en un taxi...
Quisiera contar lo que ocurrió en Guadalcanal. Allí nació el dramaturgo y político Adelardo López de Ayala. El «Ayala» con calle en el barrio de Salamanca. Su villa natal le dedicó en 1926 un monumento, con su busto y una escultura de Talía, la musa del Teatro. Producida la sublevación, los frentepopulistas del pueblo, tras cometer muchos asesinatos, quemaron a la Patrona, la Virgen de Guaditoca, y a toda la imaginería procesional: no dejaron Cristo vivo. Y creyendo que la Talía del monumento a Ayala era la Virgen María, la decapitaron, tras hacer rodar el busto de su paisano ilustre, desconocedores que fue el redactor de algo tan «facha» como el manifiesto de la Revolución de 1868. Y decapitada sigue Talía en la plaza de Guadalcanal...
Corrió la Talía de Guadalcanal la misma suerte que el San Juanito de Úbeda: el San Juan Bautista Niño de la iglesia del Salvador, erigida por Francisco de los Cobos, la única escultura de Miguel Ángel en España y una de las dos que hay fuera de Italia, reconstruida por el Centro de Restauración de Florencia en una iniciativa ante la que siempre me quedaré corto en elogios a su impulsor, el duque de Segorbe, esforzado mantenedor y acrecentador del patrimonio histórico de la Casa de Medinaceli: no sé qué espera Cultura para darle la Medalla de Bellas Artes. Al San Juanito lo dejaron los rojos de Úbeda en 1936 hecho añicos, a conciencia, en el asalto a la iglesia del Salvador, convertida en garaje para el Cuerpo Tren del Ejército Popular. Garaje que conozco bien porque un sargento de la 40 Compañía Divisionaria de Automovilismo que se llamaba Antonio Burgos Carmona me contó cómo lo ocuparon cuando las tropas nacionales del coronel Saturnino González Badía, las que resistieron en la Cabeza de Puente de Serós, tomaron Úbeda el 29 de marzo de 1939, al día siguiente de la caída de Madrid.
Pero por el pánico al uso por recordar la verdadera Historia, la gozosa restauración ha sido presentada poco menos como si al San Juanito le hubiera dado un aire o roto una criada torpona cuando estaba quitándole el polvo con un plumero: «Se destruyó durante la guerra civil». ¡Toma ya! Solo. Vamos, que se cayó al suelo y, ¡zas! se rompió: qué mala suerte. Como San Marcos de Sevilla, que ardió porque hubo un cortocircuito. El director del Museo del Prado ha dicho al presentar la recuperación: «Esta escultura ilustra la barbarie de la que fue víctima la España de los años 30». No, mire: de los años 30, no, que en esos años se publicó lo mejor de la Generación del 27. De barbarie de los 30, nada. Diga usted la barbarie de los rojos de Úbeda, donde no hubo frente, sino odio y sangre: esa es la verdad histórica. Porque va a resultar que el San Juanito fue destruido por un bombardeo. Bombardeo de los nacionales, por supuesto. Guernica con Miguel Ángel, vamos

Monday, April 06, 2015

María Zambrano y Europa

ABC de Madrid, edición digital, sábado 4 de abril de 2015

Wednesday, April 01, 2015

1º Abril

Uno de los últimos libros de ANGEL PALOMINO sería el que al alimón con Preston dedicó a Franco en la serie “Cara y cruz” ideada en Ediciones B por Rafael Borrás. En ese libro reiteraba la dedicatoria que estampó en la primera semblanza que trazó del Generalísimo y que decía: “Dedico este libro a mis amigos escritores antifranquistas”. Y añadía por vía de aclaración: “Han pasado más de diez años desde que lo escribí: siguen en lo mismo; así que les dedico mi parte de este libro con la misma cordialidad. Cuarenta millones de españoles nos hemos hecho a vivir sin Franco: ellos no. No saben.”