Sunday, August 25, 2013

Ixbiliah y Reyes Fuentes



LA MANO ESCONDIDA DE REYES FUENTES

Reyes Fuentes se fue de este mundo sin que la ciudad se conmoviera demasiado y de eso tuvimos la culpa sobre todo los que más le debíamos

EN los últimos tiempos se me ha dado la oportunidad de expresar urbiet orbi mi agradecimiento a mi ciudad natal. No era la primera vez. Ya hace años, en un homenaje que me organizaron unos amigos precisamente en la Peña Trianera, llegué a autodefinirme como un «peregrino en su patria y profeta en su tierra». Ese peregrinaje no ha sido siempre un camino de rosas, lo que ocurre es que, al contrario de lo que le pasaba al ciego Milton con su hermosa mujer, yo prefiero olvidarme de las espinas. En todas las rosas que me ha dado la ciudad hay manos que tienen nombre y apellidos, y entre ellas están las de María de los Reyes Fuentes, y si hoy la menciono cuando la cosa ya no tiene remedio es por no haber sabido en su día pagarle en l a misma moneda. Hay equivocaciones que no tienen vuelta de hoja y no hay mayor injusticia que exigirles a los demás lo que no nos exigimos a nosotros mismos.
Reyes Fuentes se fue de este mundo sin que la ciudad se conmoviera demasiado y de eso tuvimos la culpa sobre todo los que más le debíamos. Yo conocí a Reyes en un recital que dio en el Club La Rábida, lugar de presentación oficial de los poetas jóvenes de los años 50 y germen de una espléndida floración de revistas poéticas. La de Reyes Fuentes, Ixbiliah, fue blanca y verde, más por andalusí que por bética, pero por muy distintos que nos creyéramos los diversos grupos poéticos, todos acabábamos por entreverarnos unos con otros y con los otros grupos poéticos de ámbito nacional. Nada digamos de los poetas mayores consagrados; más de una revista —en Sevilla Ixbiliah y Aljibe— echaron a andar con carta-prólogo de Vicente Aleixandre y rara fue la que no publicó algo del torrencial y ubicuo Gabriel Celaya. Ixbiliah tuvo dos épocas como revista, pero una presencia magnífica como sello editorial, con obras tan significativas como la antología Sevilla de Juan Ramón Jiménez y Miserere, de José Luis Prado Nogueira, galardonada con el Premio Nacional de Literatura. Precisamente a Prado Nogueira estaba dirigido un poema de Gabriel Celaya incluido en el cuaderno de la segunda época de Ixbiliah que se abría con la carta de Aleixandre. Corría el año de 1957. En ese número, además de las de Aleixandre y Celaya, figuraban las firmas de Laffón, de Lasso de la Vega, de Juan Sierra, de Montesinos, de Manuel Mantero, de Julia Uceda, etc. etc.; la poesía italiana estaba representada por un bello poema titulado Siviglia, de Ettore Rognoni, que con el tiempo derivaría hacia el periodismo deportivo, y por dos excelentes traducciones de poemas de Aldo Palazzeschi hechas al alimón por el mismo Rognoni y Manuel García Viñó, fundador años atrás de la revista Guadalquivir y miembro a la sazón del consejo de dirección de Ixbiliah en unión de otros poetas como Antonio Luis Baena y Sebastián Blanch. También la poesía catalana estaba representada por el poeta y filólogo mallorquín Miguel Dolç, con versión castellana adjunta de su col ega López Estrada. La revista tenía el apoyo económico del Excmo. Ayuntamiento de Sevilla, del que Reyes era funcionaria. Mención especial merecen dos sonetos amorosos de la prolífica e incansable directora, en los que la solidez formal apoya una pasión vital de una fuerza más que viril en la que lo intenso del deseo y el dolor hace pensar en Sor Mariana Alcoforado, en Elisabeth Barret Browning… o en nuestra Gertrudis Gómez de Avellaneda, de la que alguien llegó a decir: «¡Es mucho hombre esta mujer!». Una tarde en el bar Coliseo me declamó un recitador ya fallecido llamado Campa un poema de Reyes en torno a un beso que ella, por la razón que fuera no quería que se difundiese. Es muy posible que la razón fuese de orden religioso, pues también por ese lado tenía una sólida formación, y puede decirse que toda su obra poética se desliza por esa difícil divisoria entre el misticismo y la sensualidad
Otro representado en ese número de Ixbiliah soy yo, que entonces me acababa de ir a Alemania dejando a Reyes Fuentes encargada de la edición en la Imprenta Municipal de mi primer libro La calle de la Luna. No sólo me gestionó ella como funcionaria municipal la publicación de ese librito, sino que fue ella quien me animó a presentarlo al Ciudad de Sevilla, en el que quedé finalista frente a Montesinos. Pero es que además, dos años después, hallándome de nuevo en Alemania, logré alzarme con el premio en el renglón de narrativa, y estoy seguro de que ella, que no sé si era secretaria del jurado, debió de tener su tanto de responsabilidad. Lo que cuento es una mínima parte de lo que Sevilla me dio a través de la mano escondida de Reyes Fuentes.
ABC (Sevilla) - domingo, 25 agosto, 2013

Sunday, August 18, 2013

La prueba de la baba

                           La Gaceta, domingo 18 de agosto de 2013

Friday, August 16, 2013

El peñón de la discordia

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  • AQUILINO DUQUE Premio Nacional de Literatura

GIBRALTAR Y EL PLAN CAJAL

El reconocimiento de Gibraltar como nación independiente sería el remate de tanta ignominia si no fuera el principio de una serie de ignominias mayores

NO pasa un día sin que al régimen de Franco le reciten los demócratas de todos los colores lo que don Luis Mejía le dice a don Juan Tenorio después de que éste haya seducido a su prometida: «Imposible la háis dejado/ para vos y para mí». En este caso, es España la que hace el papel de doña Ana, España y todo lo que arrastra su historia, todo lo bueno se entiende, ya que todo lo malo y siniestro bien que se ocupan de reivindicarlo los demócratas, si no t odos, al menos los más zurdos, los más izquierdos, los más siniestros en una palabra. No es nuevo que de la Historia de España abominen los demócratas, pero hasta Franco los ha habido, aunque fuera a título individual, que procuraban hacer compatible la democracia con el patriotismo.
Cuando el vascongado Castiella, tal vez el último Ministro de Asuntos Exteriores a la altura de su cometido que haya tenido nuestra patria, hizo publicar el «Libro Rojo sobre Gibraltar» después de conseguir que las Naciones Unidas aprobaran la resolución 1514 (XV), hizo valer, entre las opiniones de destacados hombres públicos que reivindicaban el Peñón y denunciaban la afrenta permanente de la ocupación británica, las de notorios enemigos del régimen como Prieto, Madariaga, Araquistain y Sánchez Albornoz. Esto hoy sería impensable. Ya hemos visto y estamos viendo en qué ha quedado el patriotismo vociferante de correligionarios póstumos de Prieto y Araquistain a la hora de que su Partido capitule ante el separatismo.
El espíritu de la Transición, por llamarlo de algún modo, consistió en hacer todo lo contrario de lo que Franco había hecho, y lo que Franco había hecho no era más, en palabras del denostado Azorín, que España tuviera «conciencia de sí misma», a lo que tendían, según él, «Joaquín Costa, Antonio Cánovas del Castillo y la generación del 98, de la que soy el último superviviente». Lo que los partidarios de la reforma iniciaron con timidez, los de la ruptura lo harían con todo descaro y fue bajo el mando de éstos cuando se sustituyeron los símbolos del escudo nacional y se abrió la verja que Castiella hizo cerrar en cumplimiento del artículo X del Tratado de Utrecht y en espera de que el Reino Unido cumpliera la resolución 1514 (XV) de las Naciones Unidas. Y así fue cómo el pobre Fernando Morán pasó a ser, en las cancillerías europeas, como me dijo un periodista ginebrino, el «mejor ministro de Exteriores que España había tenido en mucho tiempo». Ponderar la gestión de Morán venía a ser, mutatis mutandis, como ponderar la de Gorbachov por liquidar y descuartizar el Imperio soviético o la de Carter por abandonar el Canal de Panamá, pero así es la Historia invertida que ahora se escribe.
No es ésta la primera vez que hablo de inversión de la Historia, o de la historiografía, corolario inevitable de la inversión de valores impuesta por el «espíritu inmundo del 68». La política inspirada en estos valores tiene un lema sesentayochista que vienen haciendo suyo todos los demócratas; que es « la imaginación al poder», y en las pasadas legislaturas esa imaginación morbosa se desbocaría de tal modo que raro era el día en que la nación no se despertaba con una novedad amenazante, como suele ocurrir en los procesos revolucionarios. El reconocimiento de Gibraltar como nación independiente sería el remate de tanta ignominia si no fuera el principio de una serie de ignominias mayores. Ese y no otro fue el mensaje subliminal de la carambola a tres bandas del ministro Moratinos. La capitulación ante los «llanitos» de Gibraltar coincide con la capitulación ante los separatistas de Cataluña y Vascongadas, pero es que además encaja en los delirios de la «antiespaña» de toda la vida, que plasmó como nadie, también en tiempos de Moratinos, en un libro el asesor de política exterior de la Moncloa, el diplomático Máximo Cajal, de guatemalteca recordación. Lo de Gibraltar sería un primer ensayo a cencerros tapados de lo que, si es que el plan del susodicho diplomático se lleva a cabo, se podrá hacer con Ceuta, Melilla y Olivenza sin que se dé por enterada ni reaccione esa borreguil manada que llaman «la ciudadanía».

ABC de Sevilla, viernes 16 de agosto de 2013

Monday, August 05, 2013

Tauromaquia y vanguardia

ABC de Sevilla, domingo 4 de agosto de 2013
                                 Cogida y muerte de Ignacio Sánchez Mejías

Sunday, August 04, 2013