Friday, May 27, 2011

Presentación sevillana


ENTRE LA REALIDAD Y EL ARTE

Mi contacto con la obra de Aquilino Duque se remonta a mediados de los años 60 y a dos textos suyos sobre los que llamaron mi atención, respectivamente, mi maestro Maravall y el poeta Eladio Cabañero o tal vez Claudio Rodríguez, que eso no lo recuerdo con precisión. El primero, aparecido en la Revista de Occidente donde por entonces coincidimos personas tan diversas, me reveló a un escritor de pluma poco común y amplia cultura, y dotado de un criterio personal que me sorprendió, además de por la galanura de su estilo, por su acento cimarrón. El segundo fue un poema incluido en cierta antología que me consta que a él no lo entusiasma a estas alturas –y por eso no lo citaré-- pero que yo me supe de memoria durante años. Luego he seguido a distancia su extensísima obra, tanto la poética como la narrativa y la ensayística, con la ingrata ventaja crítica de no haber conocido a su autor de cerca hasta hace poco, y en ella vi siempre a un imaginativo señero al que una experiencia vital y cultural de excepción convertían en uno de los testigos más atractivos nuestra época. Con un valor añadido, el de una innegociable independencia que ha hecho de él un referente no poco combatido pero, en última instancia, merecedor de un reconocimiento que, ciertamente, no se la regateado.

Lector de “El mono azul” o “La linterna mágica”, yo sabía con quién me enfrentaba como lector cuando cayó en mis manos “La loca de Chillán”, esa novela de estructura tan compleja y tono tan sostenido que creo yo que tiene mucho que ver, como tal ensayo memorialístico que es en el fondo, con esta “Caza mayor” que hoy presentamos, aunque sólo sea porque en ella se nos descubre ya el paisaje abigarrado –el ambiente-- que funciona en la prosa del autor, no como un elemento literariamente accesorio sino como el auténtico deuteroagonista de sus héroes y antihéroes. Los estudiosos de la primitiva épica señalan que, si bien el viejo autor se interesa casi en exclusiva por sus héroes y reduce la circunstancia a un mero escenario insignificante en sí mismo, hay en que entender que esas circunstancias aparentemente prescindibles están ahí para dar verosimilitud a la narración, es decir, para garantizar al auditorio (o al lector) lo que alguno de esos expertos ha llamado la “fidelidad de la narración”, es decir, que poseen la función añadida de facilitar la comprensión del sistema social tanto como su sistema de valores. Los datos, las circunstancias, incluso las anécdotas que Duque introduce en su narración, y que a veces pueden resultarnos, a primera vista, expletivas aparte de abrumadoras, no son sino la sustancia del ambiente, el sólido cuerpo social que recorre la linfa de una acción protagonizada por héroes y antihéroes que de otro modo resultarían construcciones evanescentes en medio de la vasta materia social. Algo de esto entendió Lukàcs en su propuesta sobre la novela histórica pero eso era también, desde luego, como señala el maestro Finley, lo que ya hacía Homero al referirnos la odisea troyana o la aventura odisea.

Porque, verán, para Aquilino Duque el ensayo procura siempre una reconstrucción del pasado en la que la memoria subordina incluso a la información, convencido el autor como está de que, en realidad, ninguno de nosotros es capaz de hilar demasiado fino entre el recuerdo y la realidad, como no solemos serlo a la hora de separar las fantasías del sueño de los materiales de la vigilia. Todas las novelas de Duque son “memorias”, a mi modo de ver, rescate apasionado de una realidad escurridiza que incluye al observador, y quizá por eso no resulta raro en ellas la convivencia de personajes construidos con otros de carne y hueso, ni siquiera la eventual inclusión del narrador en una escena que no es propiamente un tablado imaginario sino el rico panorama de su propia circunstancia.

Aquilino tiene sobre sí una larga e intensa experiencia vital que le permite, con el concurso de su vasta cultura, esa acrobacia al alcance de tan pocos que es la narración realista que se permite abolir el fielato entre el dato cierto y el imaginado, entre la memoria y la imaginación, de tal manera que en ella el lector –bajo el efecto casi hipnótico de una acción torrencial que, como la vida misma, nos abruma con personajes y situaciones—acaba resignándose con fruición entre el equívoco y la certidumbre, como aceptando que la verdad experimental no es más unívoca que la imaginaria, acaso por aquello tan clásico de que somos de la misma materia de que los sueños. De ahí se deriva, creo yo, la insolencia de un criterio que desde hace décadas, firme en la más absoluta indiferencia, viene marchando a contracorriente, y que ha logrado salir de la secular batalla de las ideologías que a todos nos ha marcado con alguna cicatriz, con su uniforme personal intacto.

“Caza mayor” prolonga ese ejercicio de rescate del pasado que se basa en la memoria cierta tanto como en la fantasía, mezclando con pulso firme personajes bien conocidos con otros sin más existencia que la literaria, y situaciones históricas con circunstancias imaginadas cuya singular virtualidad las incrusta entre sí de modo inextricable. La amplísima galería de figuras que le sirven para revivirnos el periodo que va desde la República española hasta la postguerra europea, con su reparto de espías –ese persistente elemento cinematográfico en la obra de Duque--, de próceres y jerifaltes, junto a un variado reparto de figurantes imprescindibles, hace de “Caza mayor” una guía segura para penetrar las oscuridades de tanta miseria y grandeza como encierra ese periodo clave para entender nuestra propia actualidad. Con la ventaja de que la novela puede leerse también siguiendo la peripecia personal de ese personaje, “José”, entrañable y eminente, al que poco costará reconocer entre nosotros, y cuyo retrato enérgico y verista puede que constituya su acierto más logrado.

La España republicana, la alfonsina, la Europa de la ascensión del fascismo y del nazismo, la clamorosa connivencia de la monarquía británica con el “nuevo orden” –al fin y a la cabo, Churchill protegería a Mussolini mientras pudo--, la secreta inercia del Régimen franquista, el mundo apasionante de la “inteligencia” secreta –con el mítico Philby al fondo y nuestros trujimanes suñeristas en primer plano--, sin olvidar el engrudo sutil de la intriga amorosa y de la evocación sentimental…, todo eso cabe en esta novela ejemplar por tantos conceptos que, con acierto, alguien ha dicho que no cabe distinguir de los libros de memorias propiamente tales que Aquilino Duque nos ofreció en su día. Siempre que leo una de estas entregas de Aquilino tengo la sensación vehemente de hallarme ante un ejercicio de catarsis, ante un descargo de conciencia nada penitencial sino estrictamente artístico. ¿Y qué otra cosa es lo que se cuenta, cualquiera que sea la época, sino el testimonio de quien siente la necesidad de librarse del secreto de su memoria y del peso de su experiencia? Cuando el lector se adentra en esas páginas y se ve acometido por el turbión de una prosa torrencial que no le da respiro a su atención, suele caer en la cuenta de que semejante exigencia no es otra que la que la propia vida nos impone como precio de su revelación. “Caza mayor” sería una auténtica Historia si la Historia fuera capaz de admitir flexible cuanto en ella cae fuera del foco principal. Que es mucho. Tanto como Aquilino Duque demuestra en este esfuerzo titánico por revelarnos una época crucial que nos constituye en medida mucho mayor de lo que solemos creer.

(Intervención del numerario don José Antonio Gómez Marín en la Real Academia Sevillana de Buenas Letras. Le acompañaron en el uso de la palabra don César Alonso de los Ríos y el autor de la novela).

Monday, May 23, 2011

El contenido del continente



El contenido del continente

Al atardecer del martes 17 de mayo se presentaba en el Salón Príncipe del Casino de Madrid el libro Memorias de Cuatro Españas, de Carlos Robles Piquer, en una jornada en que la cuarta de ellas, constituída en “democracia formal”, se tambaleaba perpleja ante la “democracia real” que plantaba sus reales a dos pasos, en la Puerta del Sol, frente al antiguo Palacio de Gobernación. Es dudoso que cualquiera de los “desempleados y los inempleables” (Marcuse dixit) que montaban su baratillo a pocos metros del Casino se hubiera acercado a éste, entre otras cosas porque en la invitación que se cursó se avisaba que “Se exige atuendo adecuado. Caballeros: chaqueta y corbata. No se permitirá el acceso al Casino sin el cumplimiento de esta norma”. Con unos versos del poeta y diplomático Diego Hurtado de Mendoza ( Vendrá un embajador de gran linaje…) dio el tono del acto uno de los oradores, el embajador Ochoa Brun, aunque los que le siguieron en el uso de la palabra prefirieron centrarse en la “democracia formal” que estaba en juego y en el mal uso que últimamente se venía haciendo de ella.

Las “cuatro Españas” a que se refería en su libro el presente “embajador de gran linaje” son cuatro Españas sucesivas, a saber, la España de la II República, la de la Guerra Civil, la del Franquismo y la de la Democracia. Niño en la primera, adolescente en la segunda, inicia su carrera al servicio del Estado en la tercera para rematarla en la cuarta. Fue en los primeros pasos de ésta cuando yo lo conocí, cuando ya tenía a sus espaldas su primera embajada, la de Libia, en la que presenció en primera fila de barreras el destronamiento del rey Idris por el coronel Gadafi. Era ahora ministro de Educación en el primer Gobierno de la Monarquía, presidido por Arias Navarro, último presidente del Consejo designado por el mismo que había designado rey a don Juan Carlos. Yo acaba de volver de Roma y no daba crédito a mi suerte cuando se me encomendó escribir un libro sobre el Coto de Doñana. Y fue en el Coto donde conocí tanto al ministro como al secretario general técnico del ministerio, el economista Juan Velarde, otro de los presentadores de las Memorias de cuatro Españas. Pronto cesarían ambos en sus cargos, al ser sustituido Arias Navarro por Adolfo Suárez, aunque no por eso dejaron de seguir sirviendo a la nación, uno en su cátedra y en el Instituto Social de la Marina; otro en su condición de embajador, esta vez en Roma, donde se estrechó nuestra amistad. También en Roma conocí al otro presentador del acto, a Ochoa Brun, agregado cultural en la Embajada, de quien ya sabía por un trabajo suyo sobre la Fundación leonesa Sierra Pambley. Luego nos volveríamos a encontrar, siendo ya él embajador en Viena.

(Robles y Velarde en el Cerro de los Ansares con Javier Castroviejo y don Emilio Morales)

No se reduce ni mucho menos a esas dos embajadas la carrera de funcionario público de Robles Piquer, que a España la sirvió no sólo en Europa, sino en continentes como el africano y el americano. Por este último viajó mucho y tuvo ocasión de estudiarlo a fondo; otro jalón de su carrera es la labor desarrollada desde el benemérito Instituto de Cultura Hispánica, una labor cuyo sentido podría cifrarse en unas palabras suyas que evocaba el Presidente del Casino, don Mariano Turiel de Castro: España no pertenece al continente americano; España pertenece a su contenido. Esas palabras deberían ser el lema de todos los “españoles de ambos hemisferios”, como decían en 1812 los constituyentes gaditanos.

Saturday, May 21, 2011

Episodios nacionales

(Electrograma que me llega de un paseante en Corte)
Acabo de volver de la Puerta del Sol. Había más curiosos que activistas. El único cartel de No pasarán era una modesta indicación en la tienda de las feministas donde se pedía que la gente entrara por un lado y saliera por otro. Debajo de la carpa, en medio de un calor sofocante, un par de viejas divertidas se habían sentado en varios sillones y un negro dormía compartiendo el colchón con un perro. Por entre la muchedumbre los organizadores, todos vestidos de amarillo, repartían botellas de agua y ofrecían crema para el sol. En una torre improvisada un cámara rodaba la muchedumbre y una enfermera pedía que la filmaran por atrás. A la entrada, vestidos de militar con un caftán encima, un grupo de marroquíes saharawis habían bajado para apoyar al pueblo español y alguien -con bastante mala caligrafía- se había ocupado de escribir consignas en árabe contra la agencia EFE y señalando la carpa como una nueva plaza Tahrir. Un payaso con gran nariz roja se justificaba y decía que practicaba para político. En los tenderetes, en las paredes, en los postes, sobre los cristales, cada cual protestaba sobre lo que quería: un doctorado que se había ido a estudiar al extranjero y no le gustaba; otro que quería casa, otro que se cagaba en el sufragio universal (y con la misma letra exaltaba la democracia). Viendo tanto desconcierto y reconociendo las causas, parecía como si la plaza entera se hubiera convertido en un inmenso retrete de facultad de filología.

Apostilla: Hace ya algunos años y en California el profesor Marcuse ponía sus esperanzas revolucionarias en "los desempleados y los inempleables", en vista de que no se podía contar ya con la clase obrera.

Presentación sevillana

Friday, May 20, 2011

Democracia real frente a democracia formal


Movimiento Masby
Este es un mensaje enviado a todos los seguidores y simpatizantes del Movimiento Masby / Con copia a Medios de Comunicación

Informe sobre la plataforma DemocraciaRealYa

En enero de 2011 y ante la perdida de votos del PSOE y el imparable avance de la derecha, diversos miembros de la izquierda empiezan a gestar un contraataque típico de la rama socialista y con tintes Rubalkabianos.
El 20 de Enero en Jerez de la Frontera, en el Barrio Arrabal, varios miembros de la enseñanza y militantes del PSOE se reúnen para dar forma y planificar el calendario de actuaciones.
Los acontecimientos tienen que ir encadenados, primero un “golpe de estado” protagonizado por Zapatero al introducir a ETA en el Sistema, para posteriormente, dar un “golpe social” movilizando y controlando todo el movimiento ciudadano descontento para canalizarlo hacia la izquierda y así, evitar fuga de votos hacia la derecha.
El responsable del sistema logístico en Internet es Manuel Jesús Román Estrade con raices socialistas. Se le encomienda montar una web y toda la infraestructura sin límite de presupuesto. Estamos hablando de un portal con todas las lengua tribales de España incluido el Bable. Todo esto no es producto de la improvisación y mucho menos, de un movimiento sin fines políticos.
El 1 de Marzo registran el dominio en Internet, tres meses antes de la elecciones, y comienzan a dar forma al portal para cubrir los tiempos.
En la plataforma Democraciarealya, emergen varios abogados socialistas, que bajo la apariencia de espontáneos, llegan a gastos pagados para resolver cualquier problema legal e impedir que el calendario de actuaciones no se vea interrumpido. Un ejemplo es la redacción de un documento de libre divulgación para blindar las manifestaciones y acampadas en la vía pública.
Conclusiones:
Entendiendo que muchos grupos sociales, e incluso el movimiento Masby, tuvimos la tentación de unirnos en un principio, queremos denunciar públicamente que no se trata de un fenómeno espontáneo, si no más bien, orquestado y dirigido por el PSOE para impedir el avance de la derecha en España y con intenciones de propagarse por Europa, para contrarrestar el avance imparable de la extrema derecha europeísta.

(Apostilla: Los más viejos del lugar puede que recuerden que en tiempos de la Guerra Fría, los marxistas y sus tontos útiles oponían a la "democracia formal" o burguesa la "democracia real" o popular de allende el Telón de Acero)

Wednesday, May 11, 2011

¡Pobre Nicolasa!


Que nadie busque coherencia en la política, pues no la hay.

Pero la culpa del funcionamiento perverso de las instituciones no es sólo de la irreflexión ideológica izquierdista. La llamada derecha (llamada así por todos menos por ella) es la colaboradora necesaria de la actual situación de España porque en ella recae la otra mitad de la responsabilidad por haber construido este régimen escandaloso.

Porque aunque lo digan los artículos 1 y 9 de la Constitución, España no es un Estado de Derecho, puesto que los poderes públicos incumplen las leyes continuamente.

Aunque la defina y regule la Constitución, en España no hay división de poderes, pues la designación de quienes ejercerán los tres proviene de una misma fuente: los partidos.

Aunque lo proclame el artículo 117, los jueces y magistrados no están sometidos únicamente al imperio de la ley, sino también a la disciplina de los partidos que los nombraron.

Aunque lo establezca el artículo 14, los españoles no son iguales ante la ley, sino que ésta se les aplicará según cuál sea su ideología y la de sus juzgadores.

Y aunque lo afirme el artículo 2, la Constitución no garantiza la indisolubilidad de la nación, pues todo su título VIII está pensado para su suicidio.

Por todo ello, si España tiene todavía algún remedio, probablemente pase no por la reforma de una Constitución ya excesivamente gangrenada, sino por un cambio de régimen y por la desaparición de unos partidos que han demostrado durante demasiado tiempo que sólo sirven para velar por los intereses de los que de ellos viven y no por el bien común de los españoles.

(Véase el resto del artículo en http://elblogdejesuslainz.blogspot.com/2011/05/futuro-incierto.html)

Sunday, May 08, 2011

Memoria senil en campaña


Nada hay tan abyecto como una campaña electoral, y la que ahora empieza lo hace en las sucias trincheras de las fosas comunes al grito de guerra de la memoria senil. Hay folicularios que exhuman al Tío del Sebo y tablados de títeres ornados de esquelas mortuorias. No sé si con esas artimañas se pretende ofuscar el trato de especie protegida que nuestro ecosistema político da a ciertas alimañas en peligro de extinción, y no sé si eso explica las reacciones de cierta historiografía movida, creo yo, por la obra de misericordia de enseñar al que no sabe.

Saturday, May 07, 2011

Châteaux de la Loire



En 1539 el Emperador Carlos V, esta vez en son de paz, le devolvía en Chambord a Francisco I la visita que éste le hiciera en Madrid a raíz de la batalla de Pavía. Seguro que debió de impresionarle al César la magnitud del alojamiento en relación con la del que él le deparó al Rey Cristianísimo en la Torre de los Lujanes.