Tuesday, November 30, 2010

La ética de lo obsceno


La ética de lo obsceno
Son legión los literatos que, en cualquier época, no han escatimado medios para hacer carrera, y los recursos de su astucia, llamémosles barojianamente así, superan con mucho a los de que los que tienen Hollywood como meta. Es gente capaz de todo y de la que todo cabe esperar, menos una obra maestra. Su sentido más desarrollado es el del olfato. En una de sus obras, dice Louis-Ferdinand Céline: Ce qui guide toujours le mieux c’est l’odeur de la merde. Con ese olor como brújula, en el que la memoria senil de la que hablo yo se combina con el furor necrófilo de que hablaba Menéndez y Pelayo, más de uno explota la moda del tráfico de cadáveres de nuestra última guerra civil y explica que en efecto existe más documentación gráfica de las atrocidades perpetradas en la zona “leal” o “republicana” que en la “llamada” zona nacional, dado que en aquélla se filmaban y fotografiaban las exhumaciones, las carnicerías, las voladuras, los incendios porque sus autores estaban orgullosos de hacer tabla rasa de un pasado negro, opresor, autoritario y represivo, mientras que las derechas, las muy tunas, ocultaban sus fechorías y las hacían a la sombra, evitando la luz, como enemigas que eran de las luces de la Ilustración. Ese empeño en elevar el crimen a obra de arte tiene unos antecedentes y unas secuelas. Los antecedentes están en toda una estética y una ética que llega desde el marqués de Sade hasta los surrealistas. Las secuelas, en esos adolescentes asilvestrados que impresionan en sus telefonillos portátiles los “actos gratuitos”, que diría Gide, que perpetran a la hora del recreo.

Sunday, November 28, 2010

Premio Cervantes

(La Gaceta, jueves 25 de noviembre de 2010)

Friday, November 26, 2010

¿Los últimos días de España?


¿Los últimos días de España?

Por Joseph Stove

En 2007, el prestigioso escritor Walter Laqueur publicó "The Last Days of Europe", un lúcido estudio sobre las causas de la decadencia europea. El libro no ha sido publicado todavía en España, donde la corrección política se impone.

Laqueur trata de dar respuesta a la cuestión de qué ocurre en una sociedad cuando bajos índices de natalidad sostenidos, envejecimiento, se juntan con una inmigración incontrolada.

El autor cree que Europa, dada su debilidad, jugará, en el futuro, un modesto papel en los asuntos mundiales, a la vez que muestra su certeza de que será poco más que un museo de pasadas gestas culturales para el solaz de turistas asiáticos.

Por supuesto que España no se escapa de su agudo análisis y deja constancia de su papel en Europa.

El contexto sociocultural que expone Laqueur es motivo para reflexionar sobre las singularidades que aquejan a España y que no comparte con ningún otro país de Europa, lo que hace de su situación algo particularmente grave:

- En España, a los 30 años de aprobarse una constitución democrática, el modelo de Estado sigue sin cerrarse, lo que se ha traducido en una dinámica de descomposición. En un arrebato de originalidad se puso en práctica un modelo excepcional en el constitucionalismo comparado: se inventó el "estado de las autonomías".

Su materialización ha consistido en ir desposeyendo, paulatinamente y sin pausa, al Estado de sus competencias, creando a la vez fronteras interiores basadas en exclusivismos artificiales y en diferentes niveles de bienestar.

- España es el único país de Europa con un terrorismo propio, de carácter secesionista, donde sus miembros y simpatizantes están en las instituciones del estado y reciben ayuda de los presupuestos públicos.

- En España se relativiza, o incluso se niega, el concepto de nación, impulsado por un "status" de idiosincrasia política que permite la entrega a exiguas minorías independentistas de resortes políticos que cualquier estado con un mínimo sentido de la supervivencia no osaría considerar, ni tan siquiera en tono de broma, su transferencia a las regiones. Ejemplo: la educación.

- Y, sobre todo, existe un hecho de enorme importancia social: el pueblo español cree que vive en una democracia consolidada. Las "élites" políticas españolas trasmitieron al pueblo que se había terminado con éxito la "transición política" y que todos se habían convertido en "demócratas de toda la vida". Se había conseguido un hecho espectacular, lo que otras naciones habían tardado siglos en alcanzar, España lo había conseguido en una década prodigiosa.

Se instaló en la opinión pública la certeza que era madura y estaba bien informada, que había una clase política experta y con sentido de estado, que funcionaba la separación de poderes y actuaba como la fortaleza de la democracia, dado el vigor y prestigio de sus instituciones. Todo era una falacia.

Un largo periodo de crecimiento económico y bienestar material enmascaró durante años la metástasis que corroía el cuerpo nacional.

El fin de los sueños se produjo el 11 de marzo de 2004. Un ataque, posiblemente por parte de un actor no estatal, en forma de acción terrorista, iba a poner de manifiesto la enfermedad terminal que aquejaba a España. La sociedad lo encajó como un "atentado", un hecho al que estaba acostumbrada por las innumerables acciones de ETA y que tenía su liturgia particular: empieza con el estupor e indignación, sigue con las condenas, las manos blancas y, después, el olvido hasta el siguiente golpe.

Pero esta vez, el ataque era de carácter "apocalíptico", no era "selectivo" como los anteriores. Tenía un objetivo claro, destruir España como actor estratégico. Los casi doscientos muertos y los cientos de heridos, efecto material del ataque, sólo eran el catalizador para alcanzar los efectos estratégicos, los terroristas habían finalizado su trabajo. Los creadores de opinión pública y la puesta en práctica de una política diferente se encargarían de materializar esos efectos.

El pueblo español se encogió. No había sido casual que España fuese elegida como blanco. La debilidad de sus instituciones y la vulnerabilidad de su opinión pública, la hacían pieza adecuada para asestar un duro golpe al mundo occidental, suprimiendo a uno de sus peones.

A partir del 11 de marzo de 2004, España desapareció como actor estratégico y se volvió hacia sí misma, como había hecho en los dos siglos anteriores. Una ola de "catetismo" invadió el país. La fabricación de "diferencias" entre regiones se acentuó, "la España plural", a la vez que la Constitución se adaptaba convenientemente a las circunstancias. Se apeló a la "memoria histórica", como si de la Guerra Civil al posmodernismo de principios del siglo XXI no hubiese ocurrido nada, y se articuló una política de "ampliación de derechos" que no era más que ingeniería social, al más puro estilo orwelliano.

Como señala Laqueur, Europa está enferma. El bajo nivel de natalidad y una inmigración descontrolada es un cóctel letal para el ser europeo y para cualquier sociedad. España sufre esa enfermedad y, además, su propia deriva centrífuga, que puede acelerarse al ampliarse las desigualdades sociales por la crisis económica.

Su sociedad está enferma y su mediocre clase política es incapaz de encontrar el tratamiento adecuado, ya que, sin excepciones, se embarca en una huida hacia delante, alabando el "estado de las autonomías" y evitando las referencias éticas.

Si no se reacciona, todo hace indicar que "The last days of Spain" precederán a los del resto de Europa.

Thursday, November 25, 2010

Los frutos de la poesía



El lunes 22 de noviembre fui a leer versos a la Biblioteca Municipal de San José de la Rinconada dentro del Circuito Andaluz de las Letras, y uno de mis siete oyentes, con los que al concluir sostuve una simpática conversación, me obsequió con un limón que, como puede verse en la imagen, tiene las dimensiones de un balón de reglamento. ¡Lo que la poesía no consiga...!

Tuesday, November 23, 2010

Marqués de Tamarón: AUTO DE FE

Marqués de Tamarón: AUTO DE FE Estudio de Joaquín Torrente sobre Georges Dumézil que no tiene desperdicio.

Monday, November 22, 2010

Despedida de Chicuelo



El diestro sevillano Manuel Jiménez "Chicuelo" se despidió de la profesión en Utrera, el 1 de Noviembre de 1951, en una corrida en la que dio la alternativa a dos nuevos matadores: Juan Doblado y Juan de Dios Pareja Obregón. Al acabar la corrida, dijo "Chicuelo": "Esta tarde es la de mi despedida de los ruedos y de la de estos dos". Por aquellos años escribió Medardo Fraile un cuento titulado Nuevo en esta plaza cuyo asunto era la presentación en Madrid de un novillero andaluz que alternaba con Francisco Rosas "Faíco" y Juan Obregón. Hubo un "Faíco" y se llamaba Francisco, pero se apellidaba Mendoza y era bailador y pasa por el inventor de la farruca y murió en Madrid, ya viejo, en 1938; otro,"Faíco", de apellido González, formó pareja con "Minuto" y murió en Sevilla en 1931; "Juan Obregón" podía ser muy bien Juan de Dios, el doctorando de Utrera, y me huele que el "Salvador Cámara" no era otro que Salvador Távora, que dejaría el arte de Cúchares por el carro de Tespis.

Saturday, November 20, 2010

El terrible León Bloy



  • Los criados han ocupado el lugar de los señores: este es el resumen de la Historia contemporánea.
  • Yo estoy profundamente convencido de que el liberalismo religioso o político es lo más funesto al principio de obediencia, es decir, al principio mismo de la Fe. Pío IX dijo un día que los católicos liberales eran más peligrosos que los mismos comunistas. La afirmación es terrible, pero la creo justa.


Wednesday, November 17, 2010

Memoria y ficción

Primera referencia de un oyente a la charla de ayer en San Pablo CEU sobre el Don Ramón de Ramón

Tuesday, November 09, 2010

Memoria y ficción




El próximo día 16 de noviembre, D. v., dentro del ciclo Memoria y ficción en las letras españolas de trasguerra, hablaré sobre Valle-Inclán y Gómez de la Serna en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Comunicación de la Universidad San Pablo CEU, de Madrid.

Sunday, November 07, 2010

Doctrina pontificia

Véase Diario de Cádiz


Palabras de S. S. Pablo II al obispo de Sarajevo: “La negación del nacionalismo es el patriotismo: mientras el patriotismo, amando lo que es propio, estima también lo que es de los demás, el nacionalismo, por el contrario, desprecia todo lo que no es propio.”

Saturday, November 06, 2010

Mi cruzada antiliberal


Mi cruzada antiliberal

Según un crítico literario, que me favorece con su inteligencia, entre yo y mi obra literaria se interpone mi “cruzada antiliberal”, consistente en los “ataques a la democracia liberal que, desde hace veinte años,” prodigo en mis artículos “-y no sólo en ellos-”. Hace muchos años aprendí en Ortega, creo que en La meditación de los castillos, que una cosa es el liberalismo y otra la democracia y luego vino Tocqueville a confirmarme que libertad e igualdad no son conceptos complementarios, sino antagónicos. Por eso, en mi caso, más que de cruzada antiliberal, procede hablar de cruzada antidemocrática. Mis escasas simpatías por la democracia se las tengo que achacar - oh, paradoja - a dos maestros que se jugaron el pellejo en su lucha por ella: Antonio Machado y Jorge Orwell. “De cada diez cabezas - dijo el uno - nueve embisten y una piensa”. “Dos patas, malo. - hizo decir el otro a sus pecuarios personajes - Cuatro patas, bueno.” Y además: “Todos los animales son iguales, pero unos son más iguales que otros”. En el dicho de Machado aflora la formación krausista que recibió. Para los krausistas, de quien nadie dirá que no eran liberales, la democracia era muy buena si el sufragio se reducía a que votara uno de cada diez ciudadanos, de ser preferible si ese uno estaba educado en la Institución Libre de Enseñanza. Bromas aparte, la única democracia que aceptaban aquellos ilustres varones era la democracia orgánica, cuyo invento les pertenece. El siglo a que pertenecieron ellos se desarrolló bajo el signo del liberalismo, y ese siglo me parece a mí un siglo lamentable punteado además de guerras civiles y de dictaduras liberales. Ese siglo me infunde a mí gran escepticismo en el liberalismo político, hasta el punto de darle la razón al Lenin que decía o pensaba que la libertad está muy bien, pero según para qué y para quién. Ya sabemos por otra parte cuál fue el uso que Lenin hizo de la libertad.

Al derrumbarse el baluarte que defendía esa idea leninista de la libertad, se alzó sobre sus escombros, triunfante, la democracia liberal, esa democracia que a mí siempre me pareció preferible a la de Lenin, pero que no he dejado de combatir y criticar desde el 68 hasta la fecha. Y es que la democracia que demolió el Muro de Berlín y permitió a Fukuyama proclamar “el fin de la Historia” era una democracia viciada por lo que siempre llamé “el espíritu inmundo del 68”. Los estragos de ese espíritu en la vida política y social de Occidente fueron los que me indujeron, cuando aún había Muro de Berlín, a hablar del “suicidio de la Modernidad”. Cuando a Carl Schmitt lo acusaron de ser el “enterrador de la República de Weimar”, él contestó que nunca la habría enterrado si otros no la hubieran matado antes. Ahora vuelve Fukuyama sobre su diagnóstico optimista para decir que lo único que puede evitar ese suicidio es una recuperación de un sentido de la jerarquía social y de un sentimiento religioso, cifrado para él en la “ética protestante”. Lo de la “ética protestante” vale para las naciones que abrazaron la Reforma en su día, por lo que me figuro que en las de la Contrarreforma habría que hablar de “moral católica”, pero lo de la jerarquía vale para todas. Es más, la naturaleza en general se basa en tres principios - jerarquía, territorialidad y parentesco- que son los antónimos de libertad, igualdad y fraternidad, y tampoco concuerdan demasiado con estas tres gracias los principios en que, según Dumézil, se asientan las sociedades indoeuropeas en particular, a saber: fuerza, fecundidad y soberanía. La libertad es un medio, no un fin; los derechos han de equilibrarse con los deberes; y no cabe mayor insensatez que la “neutralidad ética” de la sociedad secularizada o permisiva, cuyo lema podría ser el del personaje aquel de Dostoyevski, que por cierto no era ni protestante ni católico: “Si no hay Dios, todo está permitido.”

Thursday, November 04, 2010

Tuesday, November 02, 2010

Volaterías de Baltanás



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Por las noches, los relojes de sol pierden la noción del tiempo.
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La patinadora imprime su firma en la hoja extendida del hielo.
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El tiempo es el plazo que nos dan para arrepentirnos.
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Siglos oscuros: sí, todos los anteriores a la luz eléctrica. Especialmente por las noches.
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La tinta china debería ser amarilla.
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En realidad, el supremo placer de todo viaje consiste en volver a casa.
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Una mujer bonita es una mujer a la que hemos logrado verle el alma.
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La música es una matemática que suena.
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Ideología: manera fácil de no enterarse uno más que de lo que le convenga.
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Enseñar es mi manera de aprender.

(Et sic de caeteris)